La revista electrónica de Los Cabos
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El Triunfo

Por: Sandra Ricco 

 

Año 2019. Ubicación: San José del Cabo, el viento es frío… vamos hacia otra latitud, de la que su nombre emana la grandeza de lo que fue.

La carretera número 1 que nos conduce hacia La Paz es la que hay que agarrar a buen paso que andar por esta antigua carretera de un solo carril, pero bien preservada.

Bajar la velocidad es indispensable para entrar a otra dimensión de coníferas y campo abierto, internándose al mismo tiempo en zona confortable y verde, siendo la Sierra de La Giganta nuestra anfitriona natural.

Las pequeñas casitas que se dejan ver nos remiten a un pasado misionero del año 1750 cuando se fundó su sencilla capilla.

Tiempo después, inmigrantes ingleses arribaron al poblado al saberse la existencia de las vetas de oro y plata que serían su brillante futuro.

Llegaron así buscando fortuna y decididos establecieron una empresa con una fuerte inversión en infraestructura como un ferrocarril, una enorme chimenea de 47 metros de altura llamada Ramona y otra a su lado más pequeña, llamada Julia.

Esta población se fundó al margen del sistema de misiones, con sus propias normas, llegando a tener 100 años después hasta 4 mil prósperos habitantes. Los presidentes mexicanos en turno apoyaron a estos empresarios con el afán de crear mayor bienestar, por lo que se establece así la carretera hacia La Paz y una línea telefónica que permite intercambios comerciales con otros poblados; e incluso se sabe que la minera era parte de un proyecto que abarcaba hasta la Alta California.

Fue un bastión de la economía sudcaliforniana para el siglo XVIII.

Huele delicioso a puro… un hombre detrás de mí, con sombrero Panamá lo disfruta mientras observa el entorno.

Misterioso, trae consigo un maletín azul cielo.

Y pienso:

El Triunfo, palabra adjetivo y yo diría, sustantivo, de esta mini población que en tan solo unas cuantas calles nos muestra su legado cultural, una bonanza en sí.

Despacio.

Porque el pueblo apenas va despertando de un largo letargo, rescatado entre la sociedad civil y el gobierno sus recuerdos y enseñanzas…

El museo Ruta de la Plata está recién inaugurado… tardan en abrir… ¿qué pasa? Me dice nuestra turista canadiense No están, salieron a comer.

Vamos entonces a las ruinas a campo abierto y al mirador que nos muestra el pueblo entero.

Las piedras del camino brillan debido a los minerales heredados. Abierto se encuentra el cementerio Inglés que da cuenta de un orden de pensamiento y obra a su paso por esta tierra.

La música es uno de esos legados, que trajeron aquellos ambiciosos migrantes europeos, el Museo de la Música muestra una colección de pianos e instrumentos de la época.

Caminando llegamos a la heladería de la esquina, entrando puras nieves de frutas exótica.

Muy ricas.

El hombre del puro se aproxima a pedir información.

Al lado una oficina de turismo se encuentra cerrada a la 1:45 pm, y me dice una niña: Hace días que ya no hay mapas ni folletos…

El Triunfo, sitio místico, que por sí mismo invita a recorrer sus calles, buscar y comprar sus canastas de artesanía, su rico café y pan.

Van mis mejores deseos de año nuevo para que el poblado El Triunfo, despierte de su letargo hacia una nueva realidad que significaría vivir del turismo, a saber, que no fue la desesperación lo que motivaba a emprendedores extranjeros a picar piedra hasta hacer del Triunfo eso, una tierra de bonanza, donde la misión en sí era las siguientes palabras: El progreso, el Triunfo.

El hombre maduro del maletín azul enciende otro habano y se marcha, con el negocio en la mano.

¡Imperdible! El Triunfo, Baja California Sur.