La revista electrónica de Los Cabos
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El Arco,un punto náutico

Por: Sandra Ricco



Desde el punto náutico del Km. 27.5 les escribo:

Estamos en altitud de Los Cabos, Baja California Sur, México.

El clima es ya de verano. Hemos alcanzado los 36 grados centígrados así que, la opción es refrescarse en el mar que envuelve tan extraordinario escenario natural.

El oleaje es diverso, va de lo moderado al de alto riesgo.

Es fin de semana, la playas que se pueden disfrutar en un recorrido placentero son Costa Azul, Punta Palmilla, Bledito y Cabo Real; El Tule, Chileno, Santa María, Las Viudas; El Médano y la famosa playa del amor y del divorcio.

Visita imperdible es a la obra arqueológica, una escultura monumental creada en coordenadas de Baja California Sur.

Visitar el icono artístico formado a través de millones de años y que se relaciona de manera directa con el proceso de fracturamiento provocado por la gran falla de San Andrés que separa paulatinamente toda California sin fronteras, es imperdible.

Este monumento es de hecho el símbolo del Corredor San José-Cabo San Lucas unido por 33 Kilómetros de carretera. La número 1 llamada Transpeninsular 75.

El Arco es una formación rocosa, formada de colosales bloques de cantera que emergen sobre el Golfo de California. Desde aquí se puede recorrer facilmente ambos Cabos que comprenden el municipio de Los Cabos vía aire, mar o tierra.

Este poblado se desarrolló lentamente y fue en los años 50 cuando emerge como el sitio elegante gracias al turismo sofisticado de personajes de cine y campos de golf detonando el crecimiento inmobiliario y hotelero.

Ha crecido también entorno a su naturaleza marítima única y ejemplar, viviendo sus pobladores también de la pesca y recolección de frutas exóticas gracias a sus áreas de microclimas donde productos orgánicos de primera calidad, todavía hoy se dan. La atmósfera colonial, algunas calles aún conservan casonas, unas convertidas en tiendas y restaurantes que tienen un toque especial tropical.

Si surfear es lo tuyo... regresa hasta la playa Costa Azul, a donde llamamos de cariño Acapulquito escénico, con olas que permiten disfrutar al máximo este deporte, y al atardecer rosado no hay como montarse en un caballo y dar un paseo por las tranquilas playas.

La gastronomía local conserva el toque de diversidad norteña que la hace única, huele a brasas con la pesca y carne local, a mangos pequeños y dulces, a tierra y mar.

La zona tuvo un gran auge debido al cultivo de caña de azúcar desde mediados del siglo XIX y hasta los años 30 del siglo XX. Después de este periodo, Los Cabos y sus alrededores fueron abandonados y su población se redujo a 400 personas. Durante la Segunda Guerra Mundial, aviones militares de Estados Unidos volaron en los cielos de Los Cabos, Baja California Sur y descubrieron un oasis para la pesca. Al final del conflicto bélico se organizaron los primeros torneos de pesca deportiva. Sus participantes llegaban en avionetas privadas y en yates pues no existía ninguna infraestructura turística en ese momento.

En 1948 un grupo de actores de Estados Unidos capitaneados por Bing Crosby, Desi Arnaz y John Wayne deciden construir el primer hotel de la zona sólo para sus miembros.

Con la llegada de más paseantes se diversificó la oferta turística de Los Cabos: ya no sólo venían a pescar, sino a ver el santuario del Golfo de California, llamado por el marino e investigador francés Jacques Cousteau “El acuario del Mundo”.

Hoy, a poco más de 60 años de distancia del primer hotel construido en Los Cabos, “nuestro lugar” se ha convertido en el centro turístico más exclusivo de México con sus campos de golf de nivel mundial, sus complejos hoteleros de gran clase y sus testimonios materiales y humanos del lejano y cercano pasado que nos dan una identidad, a veces borrosa, a veces clara de los oriundos y de los neocabeños. Ven, nos vemos en El Arco de Los Cabos. Y te recomiendo traer el arco y la lira obra literaria de antropología social de Octavio Paz.